miércoles, 4 de septiembre de 2019

El sentido de la vida


LIBRO: EL SENTIDO DE LA VIDA

AUTOR: ALEX VILLANUEVA


PUBLICADO EN AMAZON




¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Y tú me lo preguntas, mi querida Anayra?

Es la pregunta que motiva al autor para presentar reflexiones que ponen al descubierto la desnudez existencial que acompaña al ser humano desde que toma conciencia de sí mismo y que obliga a asumir alguna respuesta, ya sea de manera razonada o inducida inconscientemente en el caso de aquellos que adoptan una vida de rebaño.
Estos pensamientos son un intento para abrir una ventana a la reflexión, no para alcanzar alguna verdad absoluta, sino para la búsqueda por cada quien de respuestas individuales orientadas a apostar por la vida.

Entre mis palabras, entre mis escritos.

What is the meaning of life? And you ask me, my dear Anayra?
It is the question that motivates the author to present reflections that reveal the existential nudity that accompanies the human being from when he becomes self-awareness and that forces him to assume some answer, either in a reasoned way or unconsciously induced in the case of those who adopt a herd life.
These thoughts are an attempt to open a window to reflection, not to reach some absolute truth, but for the search, by each one, of individual responses oriented to bet on life.



El sentido de la vida
Capítulo 1. ¿La vida tiene sentido?

 ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Y tú me lo preguntas, mi querida Anayra? Podría decirte tantas cosas, pero yo mismo me he hecho esa pregunta muchas veces y me vienen a la mente tantas respuestas a la vez, sin embargo, siempre me surgen más y nuevas preguntas cuando siento nuestra insignificancia en la inmensidad del Universo donde apenas somos unos seres que vivimos en una mota de polvo que gira alrededor de una estrella, nuestro Sol, que solo es una más entre miles de millones que contiene la galaxia Vía Láctea, además, se supone que hay más de un millón de millones de galaxias en el Universo.
Anayra, mi niña, no te quiero deprimir con la percepción de nuestra insignificancia, quizás todo es más sencillo. ¿Te fijas en aquel pajarillo en la ventana? Mira cómo se acerca a la maceta y picotea una y otra vez, y ahora emprende un vuelo alegre hasta otra ventana. La vida de ese pajarillo es simplemente para vivir, satisfacer sus necesidades, dejarse llevar por sus instintos y sentir el gozo de la vida.
Sí, es verdad, te entiendo, un pájaro no se pregunta por el sentido de la vida, pero nosotros sí. Claro, la evolución nos desarrolló la consciencia al punto que nos permite una suerte de desdoblamiento para preguntarnos por qué hacemos tal o cual cosa, incluso nos observamos a sí mismos cuando preguntamos por tal o cual cosa. Tienes razón, no podemos tener una vida de pájaros, aunque sinceramente a veces me parece que muchos así lo hacen, tienen una vida de pájaros o, parafraseando a Nietzsche, una vida de rebaño.
En todo caso, déjame contarte que una vez mi suegro me explicaba cómo se hacía el queso de cabras y me comentó que al final del proceso le echaban sal al queso, entonces le pregunté para qué le echaban la sal. Bueno, es para salarlo pues, me contestó con la mayor naturalidad propia de un hombre sencillo. Así mismo, querida Anayra, podría decirte que la vida simplemente es para vivirla, pues.
Ya lo sé, Anayra, esa respuesta no es suficiente, ya que falta saber cómo vivir la vida, en qué dirección llevar la vida de acuerdo con el objetivo de ella, con el sentido que tiene. Hay personas que han entregado su vida en una guerra por la defensa de su patria, otros la han entregado por una revolución social, otros en la exploración de lo desconocido, etc.
Tú conoces el caso de Marie Curie, una notable científica polaca, quien recibió un premio Nobel de Física y otro de Química por sus aportes e investigaciones sobre la radioactividad, la cual precisamente fue la causa de su muerte debido a las radiaciones a las que se expuso en aras del conocimiento científico, hasta el punto de perder su vida.
Otro caso, ¿quién no admiró en su juventud al Che Guevara? Un hombre que entregó su vida en la lucha por un mundo mejor, por una sociedad de justicia y solidaridad humana, para el surgimiento del hombre nuevo. La foto de su rostro recién asesinado, que invocaba inconscientemente a Jesucristo, daba cuenta del sacrificio de su vida por la revolución... aunque, por cierto, él también les quitó la vida a muchos otros que tuvieron el pecado de pensar diferente a él.
También puedo recordarte el caso de la madre Teresa de Calcuta, una monja santa que dedicó su vida a atender los más pobres entre los pobres, enfermos, huérfanos y moribundos. Recibió el premio Nobel de la Paz por su labor humanitaria y decenas de premios y reconocimientos internacionales. Tras su muerte fue beatificada por el Papa y posteriormente canonizada.
Me pregunto si ese propósito particular de la vida de aquellas personas se compadece con algún sentido general de la misma, con un sentido trascendente. O quizás simplemente la misión que asumieron justifica por sí misma la existencia que tuvieron, que esa es la manera que la vida vale la pena, ¿o se equivocaron?
Siento a  veces que el entorno donde nos desenvolvemos y la época que nos ha tocado vivir nos impone necesidades no esenciales, de acuerdo a patrones que inconscientemente asimilamos y nos inducen a la búsqueda insaciable de riquezas, para satisfacer las ansias de consumo y de poder que estimula la misma sociedad. Se nos va la vida como arena entre los dedos en una carrera sin fin y cuando miramos hacia atrás nos invade una sensación de vacío.
Ahora vivimos en un mundo donde hemos conquistado, como nunca jamás, un importante tiempo de ocio, pero vemos que muchos no lo saben manejar, se aburren por la falta de propósitos, se entregan a la droga, a la violencia, al fanatismo, se hipnotizan en la TV, se evaden con juegos electrónicos, se dejan llevar por la propaganda y la publicidad.
Anayra, me parece que lo importante es la realización personal, la búsqueda de una vida plena, donde el dinero es sólo una consecuencia pero no un fin en sí mismo. Para mí siempre ha sido importante la búsqueda de la satisfacción del logro, lo cual me ha exigido una disposición a la iniciativa, a la creatividad y al estudio. No sé cuánto lo he conseguido, pero a mí me ha resultado satisfactorio... aunque, te confieso, me queda la duda si este es el camino para conseguir el sentido de la vida.
En cierto modo, el objetivo de la vida pudiera plantearse, como lo decían los filósofos griegos, en el sentido de que la vida es la búsqueda de la virtud que conduce a la felicidad. Aristóteles pensaba, en efecto, que la felicidad era el fin último de la vida, pues la felicidad es un objetivo bueno en sí mismo y no necesita justificarse como un medio para alcanzar otro fin, es la búsqueda de la felicidad por la felicidad misma.
Sin embargo, la felicidad es un asunto demasiado esquivo y difícil de definir; en todo caso, para Aristóteles la felicidad es una actividad virtuosa del alma que se alcanza viviendo de acuerdo con nuestra naturaleza superior como seres inteligentes y reflexivos.
Debemos tener cuidado en relación a que este planteamiento de la búsqueda de la felicidad no es un simple hedonismo, no se refiere a la búsqueda meramente del placer, sino como predicaban los epicúreos se trata de llevar una vida austera y ascética, es la tranquila satisfacción y la falta de molestias.
Entonces, Anayra, te podría responder que la vida es para vivirla, pero vivirla en la búsqueda de la felicidad entendida como un bien superior en sí mismo. Sin embargo, no es tan sencillo, pues supongamos que ves una persona sufriendo, en riesgo de perder su vida, probablemente sacrifiques tu propio bienestar para ayudarla, mucho más aún si es una persona cercana a ti. Estoy de acuerdo contigo, no sólo es la búsqueda de la felicidad, también cuenta la sensibilidad y solidaridad humana.
En todo caso, comprendo cuando me dices que para muchos el sentido de la vida no está necesariamente en la búsqueda de la felicidad, pues el propósito de la vida es amar a Dios por sobre todas las cosas, para asegurarse de alcanzar la otra vida después de la muerte. Es decir, formamos parte de un plan de Dios que nos ofrece la vida eterna a cambio de nuestra lealtad, aunque para un fin posterior que no está claramente definido y en el cual sencillamente debemos confiar con un acto de fe, puesto que no sabemos cuál sería el sentido de la vida eterna del alma sobreviviente.
Por supuesto que no nos queda otra alternativa que elucubrar con nuestra propia capacidad racional, no tenemos otra herramienta, solo tenemos nuestra propia inteligencia para decidir si aceptamos el supuesto mensaje de Dios, si aceptamos el riesgo de asumir tales creencias y nos dejamos llevar por las convicciones que derivan de la fe, con temor y temblor como diría el teólogo existencialista Soren Kierkegaard. O, en cambio, tomamos otro rumbo adonde nos lleve nuestra propia razón, incluso con la optimista posibilidad de enmendar en la otra vida, si la hubiera, aprovechando la infinita misericordia de Dios, si él existiera.
En todo caso, Anayra, para mí no es sencillo imaginarme una vida eterna, ya que no tendría justificación ni habría necesidad de hacer algo si puede dejarse para después, no habría necesidad de hacer nada, salvo flotar indiferentemente en el cielo. Se entiende que tenemos el impulso de actuar porque sabemos que en algún momento vamos a morir, caso contrario no hay ningún apuro. Entonces, ¿si no tiene sentido la vida eterna?,  esta es una oferta engañosa, ¿o simplemente confiamos en que algo bueno nos espera después de la muerte terrenal?
Quizás así desconfió Nietzsche cuando dijo “Dios ha muerto” y lo proclamó a los cuatro vientos. La idea de que no existe Dios provocó una enorme crisis en su época, puesto que se suponía que el objetivo de la vida humana y de la moralidad tenía un origen fuera de nosotros mismos. Así la vida era más sencilla, no era asunto de nosotros definir qué era bueno y qué era malo, ya estaba definido por una ley universal cuyo origen era Dios, del mismo modo el sentido de la vida estaba predefinido y no debía ser motivo de preocupación para nosotros, pues nacíamos con un propósito trascendente ya establecido, o sea, ya veníamos al mundo con un manual de instrucciones previamente establecido.
En el mundo occidental estamos inmersos en estas ideas expuestas de manera desordenada, pero existen otros puntos de vistas que provienen de las filosofías orientales. De hecho, en el budismo y escuelas de pensamiento afines se tiene la idea que los conflictos de la vida tienen su origen en los deseos del individuo, de modo que estos se deben eliminar, una suerte de disolución del yo para alcanzar la unidad con el Universo, y de esta manera alcanzar la iluminación. Algo así como la vida de una hormiga entregada al universo de su colonia.
Por supuesto, si eliminamos el  yo, ya no tiene sentido plantearse el propósito de la existencia. Esto sugiere que el sentido de la vida es no tener vida, dejar de existir como individuo. Esto va en contra de nuestro impulso de vivir auténticamente la vida, lo cual en todo caso no quita que adoptemos prácticas de meditación y busquemos librarnos de un egocentrismo dañino, pero como simples métodos para lograr una vida más placentera y no como respuesta al sentido de la vida, o quizás estableciendo la felicidad como el propósito de la misma.
Otra perspectiva de la vida es la que planteó Sartre cuando expresó que “estamos condenados a ser libre”, somos tan libre que es nuestra responsabilidad establecer el sentido de la vida. La vida no tiene un sentido predeterminado, nosotros debemos crearlo.
Anayra, son muchas las ideas que revolotean en mi cabeza, pero déjame decirte como lo expresa mi nieto, parafraseando a Jack “El Destripador”, ¡vamos por parte!... primero, ¿realmente somos libres para elegir una respuesta al problema del sentido de la vida?, ¿o simplemente nuestras decisiones y pensamientos son resultado de causas que nos determinan? Te invito a que avancemos primero en este problema existencial.



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