LIBRO: EL SENTIDO DE LA VIDA
AUTOR: ALEX VILLANUEVA
PUBLICADO EN AMAZON
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¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Y tú me
lo preguntas, mi querida Anayra?
Es la pregunta que motiva al autor para
presentar reflexiones que ponen al descubierto la desnudez existencial que
acompaña al ser humano desde que toma conciencia de sí mismo y que obliga a
asumir alguna respuesta, ya sea de manera razonada o inducida inconscientemente
en el caso de aquellos que adoptan una vida de rebaño.
Estos pensamientos son un intento para
abrir una ventana a la reflexión, no para alcanzar alguna verdad absoluta, sino
para la búsqueda por cada quien de respuestas individuales orientadas a apostar
por la vida.
Entre mis palabras, entre mis escritos.
Entre mis palabras, entre mis escritos.
What is the
meaning of life? And you ask me, my dear Anayra?
It is the
question that motivates the author to present reflections that reveal the
existential nudity that accompanies the human being from when he becomes
self-awareness and that forces him to assume some answer, either in a reasoned
way or unconsciously induced in the case of those who adopt a herd life.
These thoughts
are an attempt to open a window to reflection, not to reach some absolute
truth, but for the search, by each one, of individual responses oriented to bet
on life.
El
sentido de la vida
Capítulo
1. ¿La vida tiene sentido?
¿Cuál
es el sentido de la vida? ¿Y tú me lo preguntas, mi querida Anayra? Podría
decirte tantas cosas, pero yo mismo me he hecho esa pregunta muchas veces y me
vienen a la mente tantas respuestas a la vez, sin embargo, siempre me surgen
más y nuevas preguntas cuando siento nuestra insignificancia en la inmensidad
del Universo donde apenas somos unos seres que vivimos en una mota de polvo que
gira alrededor de una estrella, nuestro Sol, que solo es una más entre miles de
millones que contiene la galaxia Vía Láctea, además, se supone que hay más de
un millón de millones de galaxias en el Universo.
Anayra,
mi niña, no te quiero deprimir con la percepción de nuestra insignificancia,
quizás todo es más sencillo. ¿Te fijas en aquel pajarillo en la ventana? Mira
cómo se acerca a la maceta y picotea una y otra vez, y ahora emprende un vuelo
alegre hasta otra ventana. La vida de ese pajarillo es simplemente para vivir, satisfacer
sus necesidades, dejarse llevar por sus instintos y sentir el gozo de la vida.
Sí,
es verdad, te entiendo, un pájaro no se pregunta por el sentido de la vida,
pero nosotros sí. Claro, la evolución nos desarrolló la consciencia al punto
que nos permite una suerte de desdoblamiento para preguntarnos por qué hacemos
tal o cual cosa, incluso nos observamos a sí mismos cuando preguntamos por tal
o cual cosa. Tienes razón, no podemos tener una vida de pájaros, aunque
sinceramente a veces me parece que muchos así lo hacen, tienen una vida de
pájaros o, parafraseando a Nietzsche, una vida de rebaño.
En
todo caso, déjame contarte que una vez mi suegro me explicaba cómo se hacía el
queso de cabras y me comentó que al final del proceso le echaban sal al queso,
entonces le pregunté para qué le echaban la sal. Bueno, es para salarlo pues,
me contestó con la mayor naturalidad propia de un hombre sencillo. Así mismo,
querida Anayra, podría decirte que la vida simplemente es para vivirla, pues.
Ya
lo sé, Anayra, esa respuesta no es suficiente, ya que falta saber cómo vivir la
vida, en qué dirección llevar la vida de acuerdo con el objetivo de ella, con
el sentido que tiene. Hay personas que han entregado su vida en una guerra por
la defensa de su patria, otros la han entregado por una revolución social,
otros en la exploración de lo desconocido, etc.
Tú
conoces el caso de Marie Curie, una notable científica polaca, quien recibió un
premio Nobel de Física y otro de Química por sus aportes e investigaciones
sobre la radioactividad, la cual precisamente fue la causa de su muerte debido
a las radiaciones a las que se expuso en aras del conocimiento científico,
hasta el punto de perder su vida.
Otro
caso, ¿quién no admiró en su juventud al Che Guevara? Un hombre que entregó su
vida en la lucha por un mundo mejor, por una sociedad de justicia y solidaridad
humana, para el surgimiento del hombre nuevo. La foto de su rostro recién
asesinado, que invocaba inconscientemente a Jesucristo, daba cuenta del
sacrificio de su vida por la revolución... aunque, por cierto, él también les
quitó la vida a muchos otros que tuvieron el pecado de pensar diferente a él.
También
puedo recordarte el caso de la madre Teresa de Calcuta, una monja santa que
dedicó su vida a atender los más pobres entre los pobres, enfermos, huérfanos y
moribundos. Recibió el premio Nobel de la Paz por su labor humanitaria y
decenas de premios y reconocimientos internacionales. Tras su muerte fue
beatificada por el Papa y posteriormente canonizada.
Me
pregunto si ese propósito particular de la vida de aquellas personas se
compadece con algún sentido general de la misma, con un sentido trascendente. O
quizás simplemente la misión que asumieron justifica por sí misma la existencia
que tuvieron, que esa es la manera que la vida vale la pena, ¿o se equivocaron?
Siento
a veces que el entorno donde nos
desenvolvemos y la época que nos ha tocado vivir nos impone necesidades no
esenciales, de acuerdo a patrones que inconscientemente asimilamos y nos
inducen a la búsqueda insaciable de riquezas, para satisfacer las ansias de
consumo y de poder que estimula la misma sociedad. Se nos va la vida como arena
entre los dedos en una carrera sin fin y cuando miramos hacia atrás nos invade
una sensación de vacío.
Ahora
vivimos en un mundo donde hemos conquistado, como nunca jamás, un importante
tiempo de ocio, pero vemos que muchos no lo saben manejar, se aburren por la
falta de propósitos, se entregan a la droga, a la violencia, al fanatismo, se
hipnotizan en la TV, se evaden con juegos electrónicos, se dejan llevar por la
propaganda y la publicidad.
Anayra,
me parece que lo importante es la realización personal, la búsqueda de una vida
plena, donde el dinero es sólo una consecuencia pero no un fin en sí mismo.
Para mí siempre ha sido importante la búsqueda de la satisfacción del logro, lo
cual me ha exigido una disposición a la iniciativa, a la creatividad y al
estudio. No sé cuánto lo he conseguido, pero a mí me ha resultado
satisfactorio... aunque, te confieso, me queda la duda si este es el camino
para conseguir el sentido de la vida.
En
cierto modo, el objetivo de la vida pudiera plantearse, como lo decían los
filósofos griegos, en el sentido de que la vida es la búsqueda de la virtud que
conduce a la felicidad. Aristóteles pensaba, en efecto, que la felicidad era el
fin último de la vida, pues la felicidad es un objetivo bueno en sí mismo y no
necesita justificarse como un medio para alcanzar otro fin, es la búsqueda de
la felicidad por la felicidad misma.
Sin
embargo, la felicidad es un asunto demasiado esquivo y difícil de definir; en
todo caso, para Aristóteles la felicidad es una actividad virtuosa del alma que
se alcanza viviendo de acuerdo con nuestra naturaleza superior como seres
inteligentes y reflexivos.
Debemos
tener cuidado en relación a que este planteamiento de la búsqueda de la
felicidad no es un simple hedonismo, no se refiere a la búsqueda meramente del
placer, sino como predicaban los epicúreos se trata de llevar una vida austera
y ascética, es la tranquila satisfacción y la falta de molestias.
Entonces,
Anayra, te podría responder que la vida es para vivirla, pero vivirla en la
búsqueda de la felicidad entendida como un bien superior en sí mismo. Sin
embargo, no es tan sencillo, pues supongamos que ves una persona sufriendo, en
riesgo de perder su vida, probablemente sacrifiques tu propio bienestar para
ayudarla, mucho más aún si es una persona cercana a ti. Estoy de acuerdo
contigo, no sólo es la búsqueda de la felicidad, también cuenta la sensibilidad
y solidaridad humana.
En
todo caso, comprendo cuando me dices que para muchos el sentido de la vida no
está necesariamente en la búsqueda de la felicidad, pues el propósito de la
vida es amar a Dios por sobre todas las cosas, para asegurarse de alcanzar la
otra vida después de la muerte. Es decir, formamos parte de un plan de Dios que
nos ofrece la vida eterna a cambio de nuestra lealtad, aunque para un fin
posterior que no está claramente definido y en el cual sencillamente debemos
confiar con un acto de fe, puesto que no sabemos cuál sería el sentido de la
vida eterna del alma sobreviviente.
Por
supuesto que no nos queda otra alternativa que elucubrar con nuestra propia
capacidad racional, no tenemos otra herramienta, solo tenemos nuestra propia
inteligencia para decidir si aceptamos el supuesto mensaje de Dios, si aceptamos
el riesgo de asumir tales creencias y nos dejamos llevar por las convicciones
que derivan de la fe, con temor y temblor como diría el teólogo existencialista
Soren Kierkegaard. O, en cambio, tomamos otro rumbo adonde nos lleve nuestra
propia razón, incluso con la optimista posibilidad de enmendar en la otra vida,
si la hubiera, aprovechando la infinita misericordia de Dios, si él existiera.
En
todo caso, Anayra, para mí no es sencillo imaginarme una vida eterna, ya que no
tendría justificación ni habría necesidad de hacer algo si puede dejarse para
después, no habría necesidad de hacer nada, salvo flotar indiferentemente en el
cielo. Se entiende que tenemos el impulso de actuar porque sabemos que en algún
momento vamos a morir, caso contrario no hay ningún apuro. Entonces, ¿si no
tiene sentido la vida eterna?, esta es
una oferta engañosa, ¿o simplemente confiamos en que algo bueno nos espera
después de la muerte terrenal?
Quizás
así desconfió Nietzsche cuando dijo “Dios ha muerto” y lo proclamó a los cuatro
vientos. La idea de que no existe Dios provocó una enorme crisis en su época,
puesto que se suponía que el objetivo de la vida humana y de la moralidad tenía
un origen fuera de nosotros mismos. Así la vida era más sencilla, no era asunto
de nosotros definir qué era bueno y qué era malo, ya estaba definido por una
ley universal cuyo origen era Dios, del mismo modo el sentido de la vida estaba
predefinido y no debía ser motivo de preocupación para nosotros, pues nacíamos
con un propósito trascendente ya establecido, o sea, ya veníamos al mundo con
un manual de instrucciones previamente establecido.
En
el mundo occidental estamos inmersos en estas ideas expuestas de manera
desordenada, pero existen otros puntos de vistas que provienen de las
filosofías orientales. De hecho, en el budismo y escuelas de pensamiento afines
se tiene la idea que los conflictos de la vida tienen su origen en los deseos
del individuo, de modo que estos se deben eliminar, una suerte de disolución
del yo para alcanzar la unidad con el Universo, y de esta manera alcanzar la
iluminación. Algo así como la vida de una hormiga entregada al universo de su
colonia.
Por
supuesto, si eliminamos el yo, ya no
tiene sentido plantearse el propósito de la existencia. Esto sugiere que el
sentido de la vida es no tener vida, dejar de existir como individuo. Esto va
en contra de nuestro impulso de vivir auténticamente la vida, lo cual en todo
caso no quita que adoptemos prácticas de meditación y busquemos librarnos de un
egocentrismo dañino, pero como simples métodos para lograr una vida más
placentera y no como respuesta al sentido de la vida, o quizás estableciendo la
felicidad como el propósito de la misma.
Otra
perspectiva de la vida es la que planteó Sartre cuando expresó que “estamos
condenados a ser libre”, somos tan libre que es nuestra responsabilidad
establecer el sentido de la vida. La vida no tiene un sentido predeterminado,
nosotros debemos crearlo.
Anayra,
son muchas las ideas que revolotean en mi cabeza, pero déjame decirte como lo
expresa mi nieto, parafraseando a Jack “El Destripador”, ¡vamos por parte!...
primero, ¿realmente somos libres para elegir una respuesta al problema del
sentido de la vida?, ¿o simplemente nuestras decisiones y pensamientos son
resultado de causas que nos determinan? Te invito a que avancemos primero en
este problema existencial.

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